domingo, 25 de noviembre de 2007

Chicos, padres y los sueños de gloria a ultranza

La formación de un futuro tenista supone presiones y exigencias al por doquier, pero un padre importuno puede convertirse en la peor coartada.

El desarrollo de los jugadores de tenis, desde su formación, conlleva diferentes etapas que hay que subir escalón por escalón. Sin embargo el escollo más dificultoso del pedregoso camino al profesionalismo pueden ser los padres: muchos chicos se tornan presidiarios de los deseos de un padre latoso obsesionado con convertir a un hijo en estrella y saciar su virtual, pero irrebatible, creencia de que tienen un diamante en bruto en sus manos y deben pulirlo para que brille lo más rápido posible.
Las relaciones entre padres e hijos son de por si muy complejas y la influencia en el mundo del tenis es evidente. Basta con observar el comportamiento y las actitudes en las canchas. El deporte de la raqueta es claramente individual, más aun dentro de los courts donde se tornan aun más palpables defectos y virtudes, y la exigencia que supone este juego puede estar fuera del control de muchos chicos, pero también de muchos padres.
En Argentina la estructura competitiva reproduce un modelo de deporte profesional, en el que se premian básicamente los resultados, y así se magnifica el poder del momento y se hunde al olvido el potencial futuro. También es de considerar el poco apego a los libros y hay que entender que ser tenista es algo más que entrenar y competir; es necesario saber pensar, poder seguir una lógica, ser inteligente y cultivado. El tenis debe siempre ayudar y estimular el crecimiento personal de los jóvenes, y en esa ecuación, salvo excepciones fortuitas, el colegio no puede faltar.
"Se magnifica el poder del momento y se hunde al olvido el potencial a futuro"
Las presiones aumentan y los chicos temen defraudar a los suyos, distorsionando así también su sana formación como personas. Inevitablemente surge la pregunta: ¿Hasta que punto el apoyo corre el peligro de convertirse en obsesión? La respuesta parece simple, pero cuesta identificar un límite que no perjudique a los chicos y asimismo atiborre las necesidades de gratificación, orgullo personal y reconocimiento social a través del deporte de sus hijos. Los entrenadores deben dirigir los entrenamientos; los padres deben cumplir su rol de padres acompañando y apoyando; y los chicos deben ser chicos y disfrutar lo que hacen. Es como en el al don pirulero... cada cuál atiende su juego.
Nota publicada también en la Revista "Sin Filtro" por Marcos Zugasti

1 comentario:

Gabriel dijo...

Es así. Te felicito por la página. Yo soy bastante veterano. Te aclaro porque jugaba al tenis con el Lito Olguín, o por lo menos en el mismo club, el Andino Tenis Club en Mendoza. Yo era de los juveniles que jugaban bien, con buen estilo y esas cosas. El Lito es el padre de Leo Olguín y estaba obsesionado porque su hijo fuera tenista profesional. No todos logran lo que quieren y yo no los conozco nada más que de vista aunque si preguntan por el apellido Cerini (todos los de mi familia) seguro que nos conocen. Ahora un sobrino mío de 12 años tiene condiciones y mucho interés en el tenis. Juega los torneos que puede y yo siempre me pregunto qué es lo que hay que hacer para que el talento no se pierda. Cómo se puede dirigir bien una carrera. A mi sobrino lo anima y sigue mi hermano (no es su padre sino tío también). Vamos a ver.